LA DANZA




La definición más común de la danza, se relaciona con la posibilidad que tienen los seres humanos de expresar sus sentimientos y emociones a través del movimiento, sin embargo, es posible analizarla desde varias tendencias:

Ö La danza como expresión artística.
Ö La danza como manifestación cultural.
Ö La danza como actividad física de carácter estético.

La danza como expresión artística.

La definición del arte ha estado relacionada con la máxima expresión del sentimiento y las emociones humanas, cuya manifestación, puede ser evidenciada o plasmada estéticamente por el artista de diversas maneras, bien sea a partir de objetos materiales tangibles, como ocurre con la pintura, la escultura, etc. o representado en manifestaciones de carácter efímero, intangible, llamadas también artes vivas, como es el caso de la danza.
Las obras pictóricas (como “La Monalisa”, considerada una de las mas importantes en el arte del renacimiento), permanecen a través de los tiempos, impactando a quien la observa, aun sin mantenerse viva la presencia física de su autor, quien logra trascender cada capitulo de la historia y de las culturas mientras su obra permanece vigente e intacta como negándose a envejecer pero adquiriendo con el paso de los años, mayor vigencia y valor.

En la danza como en el teatro, es mucho más hermoso captar esa magia y su belleza, observando en un “ya” y un “ahora” cada movimiento y cada interpretación corporal del artista en plena acción. Aunque los recursos técnicos y tecnológicos de estos tiempos brinden la posibilidad de grabar las imágenes de una muestra danzada, haciéndola imperecedera, nada es comparable con la sensación producida al observar las vibraciones y energía de los cuerpos en movimiento. El artista de la danza no solo de mueve describiendo coreografías ya planeadas, sino que deja entreve en cada una de sus interpretaciones, sentimientos particulares y una expresividad interior que resultaría difícil de reproducir de manera idéntica en cada interpretación.

De esta manera, es posible develar una tendencia de la danza, y es la danza como una expresión artística, un arte vivo, al convertirse en una herramienta que materializa y comunica los sentimientos y emociones humanas a través del movimiento, impregnado éste de una habilidad técnica, una estética y de un talento creativo capaz de despertar los sentidos y las emociones, características propias de las expresiones devenidas del arte.

La danza posibilita al artista bailarín, despertar las emociones del espectador, comunicar, transmitir mensajes y todo lo psíquico que pueda envolver una sensación. Para ello se requiere de un entrenamiento riguroso, de un dominio corporal por ser justamente el cuerpo el instrumento con el que se pincela es espacio, un conocimiento de técnicas y una dinámica que exige del interprete el encauzamiento de sus emociones hacia formas mas sublimes y elaboradas, requiere por ende del artista un desarrollo consciente del cuerpo y del espíritu abriendo con su practica las puertas al equilibrio interior que se refleja en la armonía de sus movimientos puestos en escena .

Desde esta tendencia, se entiende la danza como una expresión artística que conjuga la claridad y argumentación interpretativa, el dominio de una técnica y la conciencia en su ejecución. No se trata pues, de un conjunto de movimientos desordenados efectuados de manera espontánea, requiere de una rigurosidad y una estética propia de las artes vivas.


La Danza como manifestación cultural.



Vista como otra tendencia, la danza es también la prueba fehaciente de la riqueza de las culturas; a través de ella es posible conocer las costumbres, los intereses, los gustos y las necesidades lúdicas de las poblaciones y sus grupos humanos.

La danza por tanto al cumplir un ciclo de permanencia en el tiempo, se convierte en expresión de carácter tradicional (folklore) ya que pasa de una generación a otra, conservando sus patrones básicos de ejecución, su funcionalidad, su ritualidad y su sentido estético. La danza como manifestación cultural, puede apoyarse en manifestaciones que llegan de otras culturas, se van enriqueciendo con el aporte de cada generación por lo que permanece, haciendo de ella algo dinámico y funcional.


En el orden de aquello de lo cual son capaces todas las comunidades, la danza se materializarla como un elemento cultural, impregnado de formas rituales, mitos y costumbres, actos que reflejan modos de vida, sistemas de valores, tradiciones y creencias y que en conjunto llegan a configurar en los grupos sociales, identidades particulares que los diferencian unos de otros.

La danza tradicional refleja el sentir de un pueblo, es en el seno del mismo que se gestan, por lo general surge espontáneamente y no de una imposición intencional; se sumerge en una anonimia que se configura al olvidar en la memoria de las generaciones a sus creadores originales; es evidencia de un pasado que sigue vigente en las colectividades y sobre todo tiene un alto grado de significación para quienes la ejecutan.

Cada país y sus regiones, poseen costumbres las cuales se materializan en ceremonias rituales, cantos, tonadas, arquitecturas, comidas, vestidos, danzas, oralidad, entre otros aspectos que son el acervo cultural de las poblaciones. En este sentido, el Folklorista Guillermo Abadía efectúa una particular agrupación de estas expresiones teniendo en cuenta sus particularidades, y le llama clasificación del Folklore, denotando que éste lleva cuatro ramas: El literario, el musical, el coreográfico y el material o demosofico[1]. Refiriéndose en particular al Folklore Coreográfico como aquel que se encarga del estudio de las danzas típicas, su composición coreográfica, los pasos, las figuras, los trajes empleados en cada una de las danzas que hacen parte de las regiones geográficas.
Mientras que para Celso Lara[2], en sus estudios adelantados en la Universidad Guatemalteca, expresa que los estudios del folklore pueden partir de su análisis en tres grandes grupos: el Folklore Ergológico que incluyen los objetos materiales como las artesanías, la alfarería, la arquitectura popular, comidas, bebidas; Folklore Espiritual – mental que se encarga del estudio de la literatura folklórica, las leyendas, tradición oral, la música ; y finalmente el Folklore Social que se relaciona con el estudio del habla popular, las fiestas, las ceremonias, las danzas y bailes folklóricos.

En este sentido, los estudiosos del folklore le han asignado a la danza un valor cultural reafirmando que se constituye en la expresión genuina del carácter nacional de los pueblos. Es objeto de estudio del Folclor coreográfico, toda vez que se logra evidenciar como el eje cultural sobre el cual se articulan las vidas de los pueblos.

La danza como actividad física de carácter estético,

Para abordar la danza desde esta tendencia, es necesario ubicarse en la mirada que ofrece la disciplina de la educación física, ya que es posible entrever en la danza una funcionalidad que se relaciona con el desarrollo de capacidades motrices, lo cual involucra elementos como el ritmo, la coordinación, la flexibilidad, el equilibrio, la agilidad, la elasticidad, la fuerza, entre otras cualidades físicas, que se conjugan en una sola manifestación físico corporal que contribuye en el desarrollo integral de quien la interpreta y es esta principalmente su intención .

Desde la Educación Física, la danza es vista como una disciplina que permite la ejercitación consciente del cuerpo humano, desarrollando en él, todo un cúmulo de habilidades y destrezas como ocurre en los deportes. Lo cual permite develar que la danza más que un fin, se convierte en un medio del que la educación física se vale para desarrollar e incrementar la habilidad motriz, ejercitar el movimiento coordinado, estructurado y estético a partir de la educación auditiva y de las relaciones espacio temporales.

La danza como disciplina física, se enfoca como la concreción de un conjunto de movimientos que se desarrollan de forma armónica, dejando entrever las habilidades y destrezas de quien la ejecuta de manera ágil a partir de movimientos que se acompañan de la música.



Es importante subrayar que la danza, como medio para la Educación Física, enfoca su atención al desarrollo orgánico funcional del educando; tiende hacia la eficiencia del movimiento y al desarrollo de habilidades motrices; de ahí que sería totalmente erróneo, esperar formar grandes bailarines o magnifica exhibiciones que halagaran nuestra vanidad o la de nuestros educandos; insistimos, la iniciación a la danza nos dará, como consecuencia lógica, el que el educando adquiera habilidades pudiendo, eso si, optar vocacionalmente por continuar en el desarrollo curricular y profesional de esta actividad.









[1] ABADIA MORALES, Guillermo. ABC del Folklore Colombiano. Panamericana. Bogota. Agosto 2004. Pág.17.
[2] LARA, Celso. Contribuciones del Folklore al estudio de la historia. Universidad San Carlos de Guatemala. Pág.78

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